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Abril 2006 - XF-5
Una de las historias más horribles de los hechos que
ocurrieron cuando el desembarco de los expedicionarios
cubanos en Playa Girón, es el caso del monstruoso crimen de
la Rastra de la Muerte. Alpha 66 respetuosamente recoge en
nuestra página del Internet esta triste historia relatada
por nuestro amigo Emilio Valdés Calderón.
"¡Yo Estuve
en la Rastra de la
Muerte!" - Por el
Brigadista Emilio Valdés Calderón!"
Parece que fue ayer, pero no: hace 40 años que invadimos a
Cuba con el propósito de liberar a la patria del comunismo.
Por tres días, del 17 al 19 de abril de 1961, estuvimos
peleando hasta que se nos acabaron las balas. Ya dispersos
por la Ciénaga de Zapata, fuimos hecho prisioneros por las
tropas castristas. Nos llevaron a Girón, donde nos
maltrataron, escupiéndonos, insultándonos, amenazándonos con
el paredón. El grupo nuestro fue llevado a una casa donde
habían muchos más prisioneros. Tres de ellos fueron
fusilados después. Uno fue Pérez Cruzata, quien había estado
antes con Efigenio Amejeiras, Jefe de la Policía del
siniestro régimen.
En un cuarto habíamos 30 detenidos, y allí encontré a un
primo mío, quien estaba herido sin ser atendido. Al día
siguiente, creo que era el 24 de abril, nos sacaron de la
habitación y afuera nos alinearon frente a una enorme
rastra. Allí estaba el Comandante Osmani Cienfuegos (hermano
de Camilo) dando órdenes. Un individuo que después supe se
llamaba Fernández Vila, del Instituto Nacional de la Reforma
Agraria (INRA) iba llamando a muchos, incluyendo a heridos.
En esa lista caímos mi hermano Francisco, mi primo Humberto,
y yo.
Cuando ya habían 110 brigadistas dentro de la rastra, los
que eran vejados por el Comandante Cienfuegos, Fernández
Vila le advirtió que nos íbamos a morir asfixiados.
Cienfuegos comentó: "No importa. De todas formas los vamos a
fusilar. Traigan 50 cochinos más". Nuestro jefe, Ernedio
Oliva, también estaba en la rastra. Cienfuegos le preguntó
que qué tenía que decir, a lo que Oliva respondió con su
nombre, rango, y número de serie. Esto puso furioso a
Cienfuegos, y ordenó que Oliva saliera del vehículo. Esto
posiblemente le salvó la vida. Estimo que ya habíamos 161
brigadistas en esas circunstancias. Más de 40 heridos fueron
tirados adentro. Cerrada la puerta lateral, la rastra fue
puesta en marcha. Tratamos desesperadamente de volcarla,
lanzándonos contra los lados, pero inutilmente. Las paredes
interiores estaban cubiertas con madera "playwood" y zinc.
Un paracaidista que sabía karate rompió algunas tablas.
Estábamos muy apiñados, y el aire comenzaba a faltarnos. Fue
horrible. La oscuridad era total. Se produjo un caos. Muy
difícil de describir aquellas escenas. En la parte de atrás
de la rastra logramos hacer algunas hendiduras utilizando
los metales de nuestros cinturones y un pedazo de hierro que
apareció no se cómo. El infierno de Dante me lució entonces
un paseo por el Prado...
Logramos hacer unos cuatro huequitos de más o menos una
pulgada y media cada uno, y claro, éramos muchos para todos
poder usarlos. Esas ranuras fueron hechas como a unos tres
pies del piso. En la parte del frente se produjo una gran
agitación, ya que allí no había respiración alguna. Algunos
de esos hombres, ya casi desmayados, logramos cargarlos,
pasarlos para atrás y ponerlos junto a los huecos. Uno de
éllos fue Arteaga, vecino mío en Cuba, quien prácticamente
muerto, pudimos revivirlo. Mi hermano, el viejo Guerra y su
hijo estaban al lado opuesto. Guerra nos arengó para que
estuviésemos tranquilos, diciéndonos que nos íbamos a
salvar. Pusimos nuestras camisas en las paredes para absober
la humedad y el frío de la noche, y pasándolas por nuestros
cuerpos nos ayudaba a mantenernos vivos y alertas, pues si
uno caía al piso, no se levantaba más. Ya habían algunos
muertos. Y he aquí lo que más me impresionó en aquel trágico
viaje de ocho horas. José Millán saltó del piso y me dio en
la cara sin querer. Me dijo que tenía esposa e hijas en
Miami. Entonces me confesó que se iba a morir en ese
momento, que tenía a Jesucristo delante de él, que nosotros
seríamos salvados. A los dos minutos cayó muerto. A mi lado.
Supimos que la rastra había llegado al Castillo del
Príncipe, en La Habana, y que después siguió para el Palacio
de los Deportes, donde por primera vez fue abierta la puerta
lateral. Casi no podíamos levantarnos. Mi hermano y el viejo
Guerra me ayudaron a salir. Cuando miré hacia atrás, vi a
muchos cuerpos en el suelo. Después supimos que habían
muerto nueve, y otro que falleció poco después. Entre ellos,
un joven campesino de 20 años que no era brigadista, y así y
todo lo metieron en la rastra. Fue un espectáculo de horror.
La culpabilidad directa fue de Osmani Cienfuegos. Muchos
militares castristas en el Palacio de los Deportes hicieron
gesto de desaprobación acerca de aquella masacre e
ignominia. Fue un verdadero acto de cobardía, del que
también fue responsable Fidel Castro por respaldar a
Cienfuegos. Cuando se escriba completa la historia de Bahía
de Cochinos, se van a saber muchas cosas más.
(Publicado en Abril 2001 en el Periódico del Aire, Director
Salvador Rodríguez Santana, remitido al Alpha 66 por
Internet por Eduardo Díaz).
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Julio 2002
La Muerte de Pedro Luis Boitel
(*)
Del Interesante Libro por Eduardo Figueroa
DIARIO DE UN MARTIR
Para
mí, Pedro Luis Boitel estará siempre ligado entrañablemente al deber. A la
solidaridad que demostró con las víctimas cuando su madre se le arrodilló
pidiéndole que abandonara Cuba. "No puedo", le dijo, "Mientras continuen
asesinando a mis hermanos en el paredón de fusilamiento, es mi deber hacer
algo para evitarlo."
Girasol dorado que nunca inclinó su cabeza al atardecer. Luz que alumbra el
camino de regreso a la patria amada. Inspiración que nos acompañará siempre
en el momento de las decisiones difíciles. Pedro Luis Boitel, alma fugada
entre los barrotes, adquiriendo así la inmortalidad. Así suele ser el morir
para quienes hacen historia, para quienes sirven de ejemplo y cuyas muertes
nos sacuden para recordarnos que en la vida es necesaria una causa.
Después de estas palabras
de Ninoska Pérez Castellón, como introducción, recordemos aquel día en que
la voluntad de sacrificio se hizo martirologio, 25 de Mayo de 1972, en que
muere un gran mártir de la patria, Pedro Luis Boitel, en el día 53 de su
huelga de hambre:
Miércoles, Mayo 24, 1972 -
6:10 A.M.: No he dormido en toda la madrugada; así como otros compañeros.
Se quejó en su inconsciencia
durante toda la noche. Tiene un aguante inmenso; nunca pensé que durara
tanto tiempo un ser humano sin alimentarse. Pedro es el más flaco de todos y
con padecimientos estomacales, que le quedan de sus huelgas anteriores. Lo
que lo mantiene es su espíritu de siempre, aún en sus últimos momentos, está
dando una pelea tremenda. Sus armas: La moral, la razón y la justicia. Nos
está enseñando el máximo comportamiento de un idealista ante la muerte.
Indudablemente que es un gigante.
8:25 A.M.: Su quejido ha ido
apagándose poco a poco. Es ya imperceptible, pero sigue moviéndose. Se acaba
de despertar. Hoy es el tercer día sin tomar agua, ni orinar. Esto es el
fin.
9:10 A.M.: En la galera hay un
respetuoso silencio. Estamos viendo morir a un compañero. Quizás la muerte
más triste "de hambre", una muerte lenta, de horas, días y meses, con plena
conciencia de lo que sucede a su alrededor. Llamé a Edgar para que le eche
fresco, mientras le paso un algodón mojado en agua por sus labios secos. Al
sentir la humedad era como si la vida se volvía. Se tranquilizó. Al minuto
llevó sus dedos con trabajo a la boca. Quería de nuevo que le pasara por los
labios el algodón húmedo. Se lo hago. En su rostro refleja algo que no puedo
explicar.
Ahora se lleva su mano derecha
al muslo. Hace esta operación varias veces. Quiere decirme algo con eso,
pero no sé lo que es. Hace otras señas, pero no las comprendo. Quiere hablar
o decir algo por gestos. Llamo a Alfonso para ver si él puede entender algo
de los movimientos de su mano derecha, tampoco. Lo pongo a orinar. Nada. Es
desesperante. Hay dos compañeros abanicándole. Lo miré bien. Prácticamente
es un cadáver lo que hay acostado en la cama, es un bulto pequeño lleno de
huesos.
Hablando con dos compañeros,
les mostré lo que quedaba de Pedro, levanté la sábana y se quedaron
asombrados. Uno comentó: "Está liquidado", su cuerpo consumido totalmente.
Apenas tiene movimiento. Pesa unas 78 libras más o menos.
10:03 A.M.: Se volvió a
despertar. Movió su mano derecha, pero ya no tiene coordinación. Se lleva la
mano derecha hacia su ojo y se le iba para encima de la cabeza, en un
segundo intento se toca la frente y de ahi palpando con las yemas de sus
dedos llega al fin a su ojo, lo abrió. Miró y lo cerró. Al parecer quiso ver
con ansiedad todo lo que a su alrededor sucedía, como queriéndolo ver lo más
posible en su última mirada. Tenía la boca abierta y empinada hacia arriba,
como queriendo atrapar el aire que se negaba a entrar en sus pulmones. Su
respiración era lenta, anhelosa y ronca como la de los moribundos. Está
agonizando con absoluta conciencia de su cruel situación y profunda
resignación de su muerte. Sufría callado. Esperaba pacientemente...
No pude aguantar más. Le pedí
al Jefe de la galera que llamara con urgencia a Valdés, que lo estaban
asesinando! Inmediatamente se le pidió al Sargento que está de posta que
viniera Valdés, que Pedro está muriéndose.
1:15 P.M.: Llegó Valdés. Se le
explicó que Pedro se moría y que tenían que llevárselo. Se le exigió. Valdés,
sin mirar a Pedro, dijo que ya tenía la orden de sacarlo. ¡Al fin! Enseguida,
dentro de media hora vendrían los camilleros a buscarlo. Y se retiró....
¡Hay esperanzas, hay esperanzas! Dijimos algunos.
4:40 P.M.: Acaban de sacar a
Pedro. Vinieron tres Sargentos con una camilla. Entre Miguel y yo cargamos a
Pedro y lo colocamos suavemente, con colchón y colcha en la camilla. Alonso,
momentos antes, le había colocado debajo de su almohada una medalla del
Sagrado Corazón.
Tenía sus ojos cerrados, pero
vivo aún. Respiraba. Mientras hay vida hay esperanzas. Además, ahora no se
puede morir. Los compañeros se colocaron a los lados en el pasillo, querían
verlo, decirle adios a su manera. Yo le puse mi mano sobre su cabeza, como
un estímulo o una esperanza.
Sentí un vacio inmenso cuando
salió, con él se fue algo mío. Le dije al Sargento que me había pedido -fue
en días anteriores- le pusiera los zapatos, el reloj, los espejuelos y el
bastón. El reloj lo lleva puesto en la muñeca izquierda, los zapatos,
espejuelos y el bastón van en la camilla. El Sargento me pidió los zapatos y
espejuelos para llevarlo él. En su cuello enflaquecido colgaba su cadena de
oro, con sus medallas, una de la virgen, otra de San Lázaro y una espadita.
Era la 1:40 de la tarde del día 24 de Mayo. Completó su día 53 de huelga de
hambre. Lo sacaron por la salida que da a la calle o la entrada para la Sala
Pity del Hospital, de aquí del Príncipe. Pienso que para el Hospital Militar,
donde estuvo casi tres años la otra vez.
Ya todo terminó. Siento un
gran vacío dentro de mí. Con él se fue algo mío. Estoy cansado a más no
poder. La fatiga invade mi cuerpo y lo que quiero es descansar. Cerrar los
ojos y que cuando los abra sabré que Pedro está bién. Creo que no hay nada
más que poner. Lo demás lo dirá el tiempo.
9:25 P.M.: Pensé que ya esto
había acabado. Estuve esperando para ver si escribía o no. Después he
meditado; vuelvo a escribir por estar relacionado con Pedro. Como a la hora
de que lo sacaron, vino un Sargento y pidió el plato de él. Le dije que lo
había guardado, porque no hacía falta. Entonces me dijo que le diera otra o
una vasija para llevarle la comida. Eso indica una sola cosa. Está en
la sala Pity del Hospital de aquí o en otro lugar del Príncipe. ¿Con qué
fin? ¿Le irán a dar asistencia o lo dejaran morir?. Solo queda esperar y
rezar por su vida.
(Aquí la firma del prisionero
que estuvo junto a Pedro Luis Boitel hasta que lo sacaron de la celda.)
RELATO DE UNOS PRESOS QUE PRESENCIARON LA MUERTE DE PEDRO LUIS BOITEL EN
LA SALA "PITY FAJARDO"
A Pedro lo entraron
inconciente a la 1:40 del 24 de Mayo, estaba casi frío y había sido golpeado,
no le prestaron asistencia médica y estuvo toda la noche en los estertores
de la agonía. Cada cierto tiempo se le acercaba un militar; sobre las 3:00
de la madrugada se le acercó un guardia y dijo..¡Ya! Así lo tuvieron hasta
las 7:00 de la mañana, que penetró el Capitán Lemus y dió la orden de
sacarlo.
Habían otros presos en la
enfermería que son testigos de esta barbarie y dijeron...¡Mataron al
intocable!, la reacción de todos los Presidios se hará sentir. Que podemos
esperar nosotros, de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia
permitiremos que el enemigo nos intimide, por cada uno que caiga deben
levantarse 10 heredando el espiritu, la muerte en nuestro caso no nos asusta,
nos enfrentamos a diario con ella, para morir por esto que llamamos Patria
cualquier lugar es bueno.
"Pedro Luis Boitel" murió
golpeado en Huelga de Hambre a los 53 días." Para titular de una noticia
periodística no tiene precio, para nosotros, que lo vimos apagándose poco a
poco, como la candela de un cigarro, nos parece una pesadilla, tuvo quizás
la muerte más cruel y tormentosa que puede existir. ¡No le dieron Asistencia
Médica!
Han matado su cuerpo, su vida que nos era tan preciosa, pero su espiritu es
inmortal, ese que no se doblegara nunca, durante los 12 años de cautiverio y
torturas, y sigue vivo enarbolando la bandera de la libertad y la
dignidad Cubanas.
Los cubanos dignos
responsabilizamos a: FIDEL CASTRO, RAUL CASTRO, SERGIO DEL VALLE, MINISTRO
DEL INTERIOR, MEDARDO LEMUS, JEFE DE CARCELES Y PRISIONES, RAUL O"FARRILL,
JEFE DE REEDUCACION NACIONAL, VALDES, JEFE DE SEGURIDAD DEL PRINCIPE, Y
SANABRIA, RESPONSABLE DE LA SECCION 6 DEL PRINCIPE, DE SER LOS ASESINOS DE
PEDRO LUIS BOITEL.
(*) Pedro Luis Boitel era un joven estudiante
de la Universidad de La Habana, que luchó contra la dictadura del General
Fulgencio Batista, dentro de las filas del "Movimiento 26 de Julio." Era muy
popular y al comienzo de la revolución aspiró a la Presidencia de la
Federación Estudiantil Universitaria. Hubiese ganado por amplio márgen, pero
la represión del gobierno de Castro evitó que ganara las elecciones y, solo
por éso, unos meses después fue llevado a prisión, acusado de ser un
contrarevolucionario, como todos aquellos que valientemente se opusieron a
la penetración comunista en la revolución. ¿Su delito? La inmensa
popularidad de que gozaba dentro de la clase estudiantil. Eso era
intolerable para los planes dictatoriales de Fidel Castro.
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Noviembre 2000 - XF-2
LA MASACRE EN LA FINCA “LA CAMPANA”
Desde los primeros días después del triunfo de la revolución contra la
dictadura de Fulgencio Batista en Enero 1ro de 1959, muchos cubanos, que
de una forma u otra habían participado en ese evento, comenzaron a poner
en duda la dirección de Fidel Castro, así como su tendencia a
convertirse en poder absoluto, con una falta total de respeto a la opinión
de los demás. Su falta de escrúpulo, al disponer que se llevara al
“paredón” a cualquiera que hubiera pertenecido al gobierno anterior,
sin importar si los supuestos delitos eran grandes o pequeños,
estaba dándole a la revolución la imagen de un charco de sangre. A la
vez que los días transcurrían, se iba proyectando el régimen como una
nueva dictadura.
Pero Castro se había captado el favor del pueblo y todos aquellos que no
compartían con sus ideas empezaban a tener problemas. Una etapa nueva
estaba surgiendo y poco a poco se estaba implantando el comunismo como
sistema de gobierno. Todos los que disentían y consideraban esto como una
traición a los postulados que dieron origen a la rebelión contra Batista,
comenzaron a tomar el camino del exilio y muchos, por sus protestas en
pueblos y ciudades, iban a parar a las prisiones. Otros retornaban al
camino aspero y duro de tomar las armas de nuevo, convirtiéndose en
guerrilleros en las montañas para combatir a esta nueva tiranía
comunista en embrión.
Las guerrillas comenzaron a organizarse a través de la isla. Las Montañas
del Escambray, en la Provincia de Las Villas, se fueron convirtiendo en el
foco más importante de la resistencia en contra de la nueva tiranía. En
aquellas montañas, las guerrillas habían hecho una gran tarea en contra
de Batista, y era donde Castro tenía menos influencia, ya que él había
operado en la Sierra Maestra, lugar montañoso en la Provincia de
Oriente.
En el verano de 1960, Castro decide enviar miles de tropas al Escambray
para dar fin a la rebelión. La persecución fue fiera y dura. A pesar de
que los rebeldes no tenían suficiente armamento ofrecían una heroica
resistencia. Pero Castro había aprendido mucho sobre las tácticas
Stalinistas. El sabía que tenía que exhibir alguna forma de victoria , y
de esta manera nombres que representaban mucho en la lucha revolucionaria
debían pagar con sus vidas el atreverse a disentir. A mediados de
Septiembre se anunció que Plinio Prieto y Sinesio Walsch habían sido
capturados en las lomas y serían llevados a juicio en Santa Clara y con
ellos otros prisioneros, hasta un total de 170 . Con estas guerrillas
capturadas, el régimen anunciaba que en el Escambray todo estaba en calma
y que la insurrección había terminado.
¿Quiénes eran estos hombres que tenían que pagar con sus vidas para que
Castro le mostrara a los revolucionarios el precio que tendrían que pagar
al rebelarse en contra de su sistema comunista?
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Capt. Porfirio Remberto Ramírez
Ruíz, había sido un guerrillero en el Escambray en contra de
Batista. Joven, alto, fuerte había crecido en una finca cerca de
Santa Clara, Presidente de la Asociacion de Estudiantes de la
Universidad “Marta Abreu” en la Provincia de Las Villas, donde
era muy popular entre los estudiantes, había sido capturado al
comienzo de Octubre, cerca de “Pico Tuerto” en las montañas,
después de una pelea, hambriento, sin agua y con las municiones
agotadas.
(Haga un click en la
foto para verla aumentada).
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Comandante Plinio Prieto Ruíz,
que también había luchado contra el régimen de Batista, era bien
respetado en las filas revolucionarias. Había dado varios viajes a
los Estados Unidos, tratando de suplir de armas a las guerrillas.
Maestro de profesión, iba con la misión de coordinar las
operaciones en el Escambray, pero había sido capturado en el pueblo
de Cumanayagua.
(Haga un click en la
foto para verla aumentada). |
El tercer hombre, Sinesio Walsh Ríos,
formidable guerrillero a cargo de varios grupos en las montañas, había
sido capturado con algunos de sus hombres, casi sin municiones, cerca de
la zona de “Nuevo Mundo” donde tenía su campamento. Todos estos
hombres habían sucumbido ante las fuerzas de Castro, que eran muy
superiores, estaban bien entrenadas y bien equipadas.
A estos tres guerreros se les añadió Angel B. Rodríguez del Sol, quien
había sido Asistente del Comandante Andrés Nazario Sargén, en la lucha
anterior contra Batista, en las montañas del Escambray y José Palomino
Colón, un respetado miembro del Ejército Constitucional antes de la
revolución.
El juicio fue celebrado en el teatro “Libertad,” en el Campamento
Militar “Leoncio Vidal,” en la ciudad de Santa Clara, el dia 12 de
Octubre de 1960. El Tribunal estaba formado por miembros del Ejército
Rebelde, del gobierno de Castro, sin conocimiento legal alguno que los
capacitara para decidir sobre la vida o muerte de los acusados. Como
fiscal actuó Juan Escalona, un miembro del Partido Comunista. Todo el día
deliberaron y en la tarde informaron a los familiares de los acusados que
la sentencia sería anunciada al día siguiente.
Pero para las nueve de la noche del propio día 12 de Octubre, en el
Campamento Militar de “La Campana,” cerca de Manicaragua, en las
estribaciones del Escambray, situaron carros y camiones militares para
alumbrar a los cinco acusados para cumplir con su sentencia. Sentencia que
todavía oficialmente no había sido dictada, ni tratada por el Tribunal.
Pero esta sentencia era de obligatorio cumplimiento, pues venía desde la
Habana, ordenada por Fidel Castro.
El escuadrón de fusilamiento que se dio a la tarea de asesinar a estos
cinco patriotas no usó rifles, sino ametralladoras checas, haciendo una
verdadera masacre de sus cuerpos. Los que estuvieron presentes, como el
Padre Olegario de Cifuentes, cura párroco de la iglesia “La Pastora”,
en Santa Clara, relata que después de efectuados los asesinatos, por
varios minutos, los ejecutores quedaron paralizados y nadie se movió para
acercarse a las víctimas, como si ellos hubieran sentido el horror de lo
que habían hecho.
La rebelión no había terminado, como anunciara Castro, pues las montañas
del Escambray fueron por cinco años más, hasta 1965, fuente de rebeldía
por la libertad de Cuba.
>>>>Bases para
este artículo: Los libros CUBA EN GUERRA, de Enrique Encinosa, y DIARIO
DE UNA TRAICION, de Leovigildo Ruiz; trabajos en el internet de
BizLand.com; La Memoria Histórica
Cubana contra el Totalitarismo; escrito de Laida Arcia Carro; La Voz de
Cuba libre, e impresiones y entrevistas personales.
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