escudo del alpha.gif (14143 bytes)

ALPHA 66

bandera 1.jpg (34059 bytes)

HOME NUESTRA HISTORIA VENTANA A CUBA COMENTANDO  LAS NOTICIAS EVENTOS EDITORIALES

ESPAÑOL

ENGLISH


LOS "X FILES" DEL CRIMEN EN LA CUBA COMUNISTA



Con los artículos que irán apareciendo en esta sección, Alpha 66 tiene el prop
ósito de  traer nuevamente a la opinión pública mundial, algunos de los crímenes barbáricos cometidos por la tiranía Comunista contra el pueblo de Cuba, durante estos 43 años en el poder; sin seguir un orden cronológico, pero en una forma clara y concisa, para que estos horribles hechos nunca puedan ser olvidados. Estimamos que su publicación hará que se comprenda la magnitud de la catástrofe que el pueblo Cubano ha tenido que sufrir bajo la sangrienta dictadura de Fidel Castro.

 

Abril 2006 - XF-5
 

Una de las historias más horribles de los hechos que ocurrieron cuando el desembarco de los expedicionarios cubanos en Playa Girón, es el caso del monstruoso crimen de la Rastra de la Muerte. Alpha 66 respetuosamente recoge en nuestra página del Internet esta triste historia relatada por nuestro amigo Emilio Valdés Calderón.

 

"¡Yo Estuve en la Rastra de la Muerte!" - Por el Brigadista Emilio Valdés Calderón!"
 

Parece que fue ayer, pero no: hace 40 años que invadimos a Cuba con el propósito de liberar a la patria del comunismo. Por tres días, del 17 al 19 de abril de 1961, estuvimos peleando hasta que se nos acabaron las balas. Ya dispersos por la Ciénaga de Zapata, fuimos hecho prisioneros por las tropas castristas. Nos llevaron a Girón, donde nos maltrataron, escupiéndonos, insultándonos, amenazándonos con el paredón. El grupo nuestro fue llevado a una casa donde habían muchos más prisioneros. Tres de ellos fueron fusilados después. Uno fue Pérez Cruzata, quien había estado antes con Efigenio Amejeiras, Jefe de la Policía del siniestro régimen.
 

En un cuarto habíamos 30 detenidos, y allí encontré a un primo mío, quien estaba herido sin ser atendido. Al día siguiente, creo que era el 24 de abril, nos sacaron de la habitación y afuera nos alinearon frente a una enorme rastra. Allí estaba el Comandante Osmani Cienfuegos (hermano de Camilo) dando órdenes. Un individuo que después supe se llamaba Fernández Vila, del Instituto Nacional de la Reforma Agraria (INRA) iba llamando a muchos, incluyendo a heridos. En esa lista caímos mi hermano Francisco, mi primo Humberto, y yo.
 

Cuando ya habían 110 brigadistas dentro de la rastra, los que eran vejados por el Comandante Cienfuegos, Fernández Vila le advirtió que nos íbamos a morir asfixiados. Cienfuegos comentó: "No importa. De todas formas los vamos a fusilar. Traigan 50 cochinos más". Nuestro jefe, Ernedio Oliva, también estaba en la rastra. Cienfuegos le preguntó que qué tenía que decir, a lo que Oliva respondió con su nombre, rango, y número de serie. Esto puso furioso a Cienfuegos, y ordenó que Oliva saliera del vehículo. Esto posiblemente le salvó la vida. Estimo que ya habíamos 161 brigadistas en esas circunstancias. Más de 40 heridos fueron tirados adentro. Cerrada la puerta lateral, la rastra fue puesta en marcha. Tratamos desesperadamente de volcarla, lanzándonos contra los lados, pero inutilmente. Las paredes interiores estaban cubiertas con madera "playwood" y zinc. Un paracaidista que sabía karate rompió algunas tablas. Estábamos muy apiñados, y el aire comenzaba a faltarnos. Fue horrible. La oscuridad era total. Se produjo un caos. Muy difícil de describir aquellas escenas. En la parte de atrás de la rastra logramos hacer algunas hendiduras utilizando los metales de nuestros cinturones y un pedazo de hierro que apareció no se cómo. El infierno de Dante me lució entonces un paseo por el Prado...
 

Logramos hacer unos cuatro huequitos de más o menos una pulgada y media cada uno, y claro, éramos muchos para todos poder usarlos. Esas ranuras fueron hechas como a unos tres pies del piso. En la parte del frente se produjo una gran agitación, ya que allí no había respiración alguna. Algunos de esos hombres, ya casi desmayados, logramos cargarlos, pasarlos para atrás y ponerlos junto a los huecos. Uno de éllos fue Arteaga, vecino mío en Cuba, quien prácticamente muerto, pudimos revivirlo. Mi hermano, el viejo Guerra y su hijo estaban al lado opuesto. Guerra nos arengó para que estuviésemos tranquilos, diciéndonos que nos íbamos a salvar. Pusimos nuestras camisas en las paredes para absober la humedad y el frío de la noche, y pasándolas por nuestros cuerpos nos ayudaba a mantenernos vivos y alertas, pues si uno caía al piso, no se levantaba más. Ya habían algunos muertos. Y he aquí lo que más me impresionó en aquel trágico viaje de ocho horas. José Millán saltó del piso y me dio en la cara sin querer. Me dijo que tenía esposa e hijas en Miami. Entonces me confesó que se iba a morir en ese momento, que tenía a Jesucristo delante de él, que nosotros seríamos salvados. A los dos minutos cayó muerto. A mi lado.
 

Supimos que la rastra había llegado al Castillo del Príncipe, en La Habana, y que después siguió para el Palacio de los Deportes, donde por primera vez fue abierta la puerta lateral. Casi no podíamos levantarnos. Mi hermano y el viejo Guerra me ayudaron a salir. Cuando miré hacia atrás, vi a muchos cuerpos en el suelo. Después supimos que habían muerto nueve, y otro que falleció poco después. Entre ellos, un joven campesino de 20 años que no era brigadista, y así y todo lo metieron en la rastra. Fue un espectáculo de horror. La culpabilidad directa fue de Osmani Cienfuegos. Muchos militares castristas en el Palacio de los Deportes hicieron gesto de desaprobación acerca de aquella masacre e ignominia. Fue un verdadero acto de cobardía, del que también fue responsable Fidel Castro por respaldar a Cienfuegos. Cuando se escriba completa la historia de Bahía de Cochinos, se van a saber muchas cosas más.

 

(Publicado en Abril 2001 en el Periódico del Aire, Director Salvador Rodríguez Santana, remitido al Alpha 66 por Internet por Eduardo Díaz).



 

Julio 2002

La Muerte de Pedro Luis Boitel (*)
Del Interesante Libro por Eduardo Figueroa
DIARIO DE UN MARTIR 

Para mí, Pedro Luis Boitel estará siempre ligado entrañablemente al deber. A la solidaridad que demostró con las víctimas cuando su madre se le arrodilló pidiéndole que abandonara Cuba. "No puedo", le dijo, "Mientras continuen asesinando a mis hermanos en el paredón de fusilamiento, es mi deber hacer algo para evitarlo."

Girasol dorado que nunca inclinó su cabeza al atardecer. Luz que alumbra el camino de regreso a la patria amada. Inspiración que nos acompañará siempre en el momento de las decisiones difíciles. Pedro Luis Boitel, alma fugada entre los barrotes, adquiriendo así la inmortalidad. Así suele ser el morir para quienes hacen historia, para quienes sirven de ejemplo y cuyas muertes nos sacuden para recordarnos que en la vida es necesaria una causa.

Después de estas palabras de Ninoska Pérez Castellón, como introducción, recordemos aquel día en que la voluntad de sacrificio se hizo martirologio, 25 de Mayo de 1972, en que muere un gran mártir de la patria, Pedro Luis Boitel, en el día 53 de su huelga de hambre:

Miércoles, Mayo 24, 1972 - 6:10 A.M.: No he dormido en toda la madrugada; así como otros compañeros.

Se quejó en su inconsciencia durante toda la noche. Tiene un aguante inmenso; nunca pensé que durara tanto tiempo un ser humano sin alimentarse. Pedro es el más flaco de todos y con padecimientos estomacales, que le quedan de sus huelgas anteriores. Lo que lo mantiene es su espíritu de siempre, aún en sus últimos momentos, está dando una pelea tremenda. Sus armas: La moral, la razón y la justicia. Nos está enseñando el máximo comportamiento de un idealista ante la muerte. Indudablemente que es un gigante.

8:25 A.M.: Su quejido ha ido apagándose poco a poco. Es ya imperceptible, pero sigue moviéndose. Se acaba de despertar. Hoy es el tercer día sin tomar agua, ni orinar. Esto es el fin.

9:10 A.M.: En la galera hay un respetuoso silencio. Estamos viendo morir a un compañero. Quizás la muerte más triste "de hambre", una muerte lenta, de horas, días y meses, con plena conciencia de lo que sucede a su alrededor. Llamé a Edgar para que le eche fresco, mientras le paso un algodón mojado en agua por sus labios secos. Al sentir la humedad era como si la vida se volvía. Se tranquilizó. Al minuto llevó sus dedos con trabajo a la boca. Quería de nuevo que le pasara por los labios el algodón húmedo. Se lo hago. En su rostro refleja algo que no puedo explicar.

Ahora se lleva su mano derecha al muslo. Hace esta operación varias veces. Quiere decirme algo con eso, pero no sé lo que es. Hace otras señas, pero no las comprendo. Quiere hablar o decir algo por gestos. Llamo a Alfonso para ver si él puede entender algo de los movimientos de su mano derecha, tampoco. Lo pongo a orinar. Nada. Es desesperante. Hay dos compañeros abanicándole. Lo miré bien. Prácticamente es un cadáver lo que hay acostado en la cama, es un bulto pequeño lleno de huesos.

Hablando con dos compañeros, les mostré lo que quedaba de Pedro, levanté la sábana y se quedaron asombrados. Uno comentó: "Está liquidado", su cuerpo consumido totalmente. Apenas tiene movimiento. Pesa unas 78 libras más o menos. 

10:03 A.M.: Se volvió a despertar. Movió su mano derecha, pero ya no tiene coordinación. Se lleva la mano derecha hacia su ojo y se le iba para encima de la cabeza, en un segundo intento se toca la frente y de ahi palpando con las yemas de sus dedos llega al fin a su ojo, lo abrió. Miró y lo cerró. Al parecer quiso ver con ansiedad todo lo que a su alrededor sucedía, como queriéndolo ver lo más posible en su última mirada. Tenía la boca abierta y empinada hacia arriba, como queriendo atrapar el aire que se negaba a entrar en sus pulmones. Su respiración era lenta, anhelosa y ronca como la de los moribundos. Está agonizando con absoluta conciencia de su cruel situación y profunda resignación de su muerte. Sufría callado. Esperaba pacientemente...

No pude aguantar más. Le pedí al Jefe de la galera que llamara con urgencia a Valdés, que lo estaban asesinando! Inmediatamente se le pidió al Sargento que está de posta que viniera Valdés, que Pedro está muriéndose.

1:15 P.M.: Llegó Valdés. Se le explicó que Pedro se moría y que tenían que llevárselo. Se le exigió. Valdés, sin mirar a Pedro, dijo que ya tenía la orden de sacarlo. ¡Al fin! Enseguida, dentro de media hora vendrían los camilleros a buscarlo. Y se retiró.... ¡Hay esperanzas, hay esperanzas! Dijimos algunos.

4:40 P.M.: Acaban de sacar a Pedro. Vinieron tres Sargentos con una camilla. Entre Miguel y yo cargamos a Pedro y lo colocamos suavemente, con colchón y colcha en la camilla. Alonso, momentos antes, le había colocado debajo de su almohada una medalla del Sagrado Corazón.

Tenía sus ojos cerrados, pero vivo aún. Respiraba. Mientras hay vida hay esperanzas. Además, ahora no se puede morir. Los compañeros se colocaron a los lados en el pasillo, querían verlo, decirle adios a su manera. Yo le puse mi mano sobre su cabeza, como un estímulo o una esperanza.

Sentí un vacio inmenso cuando salió, con él se fue algo mío. Le dije al Sargento que me había pedido -fue en días anteriores- le pusiera los zapatos, el reloj, los espejuelos y el bastón. El reloj lo lleva puesto en la muñeca izquierda, los zapatos, espejuelos y el bastón van en la camilla. El Sargento me pidió los zapatos y espejuelos para llevarlo él. En su cuello enflaquecido colgaba su cadena de oro, con sus medallas, una de la virgen, otra de San Lázaro y una espadita. Era la 1:40 de la tarde del día 24 de Mayo. Completó su día 53 de huelga de hambre. Lo sacaron por la salida que da a la calle o la entrada para la Sala Pity del Hospital, de aquí del Príncipe. Pienso que para el Hospital Militar, donde estuvo casi tres años la otra vez.

Ya todo terminó. Siento un gran vacío dentro de mí. Con él se fue algo mío. Estoy cansado a más no poder. La fatiga invade mi cuerpo y lo que quiero es descansar. Cerrar los ojos y que cuando los abra sabré que Pedro está bién. Creo que no hay nada más que poner. Lo demás lo dirá el tiempo.

9:25 P.M.: Pensé que ya esto había acabado. Estuve esperando para ver si escribía o no. Después he meditado; vuelvo a escribir por estar relacionado con Pedro. Como a la hora de que lo sacaron, vino un Sargento y pidió el plato de él. Le dije que lo había guardado, porque no hacía falta. Entonces me dijo que le diera otra o una vasija para llevarle la comida.  Eso indica una sola cosa. Está en la sala Pity del Hospital de aquí o en otro lugar del Príncipe. ¿Con qué fin? ¿Le irán a dar asistencia o lo dejaran morir?. Solo queda esperar y rezar por su vida.

(Aquí la firma del prisionero que estuvo junto a Pedro Luis Boitel hasta que lo sacaron de la celda.)

RELATO DE UNOS PRESOS QUE PRESENCIARON LA MUERTE DE PEDRO LUIS BOITEL EN LA SALA "PITY FAJARDO"

A Pedro lo entraron inconciente a la 1:40 del 24 de Mayo, estaba casi frío y había sido golpeado, no le prestaron asistencia médica y estuvo toda la noche en los estertores de la agonía. Cada cierto tiempo se le acercaba un militar; sobre las 3:00 de la madrugada se le acercó un guardia y dijo..¡Ya! Así lo tuvieron hasta las 7:00 de la mañana, que penetró el Capitán Lemus y dió la orden de sacarlo.

Habían otros presos en la enfermería que son testigos de esta barbarie y dijeron...¡Mataron al intocable!, la reacción de todos los Presidios se hará sentir. Que podemos esperar  nosotros, de ninguna manera y bajo ninguna circunstancia permitiremos que el enemigo nos intimide, por cada uno que caiga deben levantarse 10 heredando el espiritu, la muerte en nuestro caso no nos asusta, nos enfrentamos a diario con ella, para morir por esto que llamamos Patria cualquier lugar es bueno.

"Pedro Luis Boitel" murió golpeado en Huelga de Hambre a los 53 días." Para titular de una noticia periodística no tiene precio, para nosotros, que lo vimos apagándose poco a poco, como la candela de un cigarro, nos parece una pesadilla, tuvo quizás la muerte más cruel y tormentosa que puede existir. ¡No le dieron Asistencia Médica!

Han matado su cuerpo, su vida que nos era tan preciosa, pero su espiritu es inmortal, ese que no se doblegara nunca, durante los 12 años de cautiverio y torturas, y sigue vivo enarbolando la bandera de la libertad  y la dignidad Cubanas.

Los cubanos dignos responsabilizamos a: FIDEL CASTRO, RAUL CASTRO, SERGIO DEL VALLE, MINISTRO DEL INTERIOR, MEDARDO LEMUS, JEFE DE CARCELES Y PRISIONES, RAUL O"FARRILL, JEFE DE REEDUCACION NACIONAL, VALDES, JEFE DE SEGURIDAD DEL PRINCIPE, Y SANABRIA, RESPONSABLE DE LA SECCION 6 DEL PRINCIPE, DE SER LOS ASESINOS DE PEDRO LUIS BOITEL.

(*) Pedro Luis Boitel era un joven estudiante de la Universidad de La Habana, que luchó contra la dictadura del General Fulgencio Batista, dentro de las filas del "Movimiento 26 de Julio." Era muy popular y al comienzo de la revolución aspiró a la Presidencia de la Federación Estudiantil Universitaria. Hubiese ganado por amplio márgen, pero la represión del gobierno de Castro evitó que ganara las elecciones y, solo por éso, unos meses después fue llevado a prisión, acusado de ser un contrarevolucionario, como todos aquellos que valientemente se opusieron a la penetración comunista en la revolución. ¿Su delito? La inmensa popularidad de que gozaba dentro de la clase estudiantil. Eso era intolerable para los planes dictatoriales de Fidel Castro. 


Diciembre 2000 – XF – 3 

LA MUERTE CRUEL DE WILLIAM MORGAN 

Una cosa que se trasluce desde el comienzo de la dictadura en 1959, es el odio que consume a Fidel Castro contra el pueblo Americano. El espíritu maligno de su personalidad probablemente estimulado por la lectura del “Mein Kampf” de Adolfo Hitler, su lectura favorita de estudiante, más la influencia de Marx y la manera cruel como ejercieron el poder Lenin y Stalin, contribuyeron  a moldear su desdén y el desprecio por este país. Un vívido ejemplo de este odio se mostró en el caso del Comandante William Morgan, cuando fue condenado a muerte por fusilamiento. 

William Alexander Morgan era un Americano del estado de Ohio, rubio, de ojos azules, de constitución fuerte y gran fuerza física, que había pertenecido a las fuerzas armadas de los Estados Unidos y había tenido algunas dificultades cuando formó parte de las fuerzas de ocupación en el Japón. Ocurrió que se encontraba en la Habana y presenció el ataque a Palacio contra Batista el 13 de Marzo de 1957. Mas tarde se unió a las guerrillas del “II Frente del Escambray” que luchaban contra Batista en las montañas del Escambray, en el centro de la isla, tomando parte en batallas y terminando con el grado de Comandante del Ejército Rebelde, estando al mando de las tropas que tomaron la Ciudad de Cienfuegos en los días antes de la caída de Batista. 

Morgan estaba disgustado por la manera en que Castro estaba introduciendo el comunismo en todas las esferas del nuevo gobierno revolucionario. Al principio se envolvió en una conspiración que apareció como que él habia  informado a  Castro haciéndola abortar. Siempre negó que fuera un plan suyo, sino que él creyó que era muy temprano para comenzar una nueva revolución. 

Regresó a las Montañas del Escambray y comenzó a criar ranas, como un proyecto industrial, viajando constantemente a la Habana y regresando a las montañas. El obtuvo que la Embajada Americana le hiciera unos libritos de seis paginas con historias anti-Comunistas, para repartir en las ciudades del Escambray, pero comenzó a tener problemas, no solo con el Che Guevara sino con Félix Torres que era el jefe comunista de la zona. Uno de sus asociados en la empresa era el también Comandante Jesús Carrera Zayas, quien durante la revolución había tenido un serio altercado con el Che Guevara. 

Morgan y Carrera se habían convertido en obstáculos para las fuerzas que se preparaban para entregar el poder al comunismo y fueron acusados de transportar armas al Escambray para comenzar un alzamiento y condenados a morir por fusilamiento. Pero como Morgan era un Americano su muerte no iba a ser tan fácil, tenía que ser humillado. Veamos lo que dice Paul Bethel, en su libro “The Losers” (1969 – página 192): 

“Los últimos meses de la vida de Morgan en La Cabaña son relatados por su compañero preso John Martino en su libro, “Yo fuí prisionero de Castro.” Las conversaciones entre Morgan y Martino dan una considerable luz a la personalidad y ambición de William Morgan. Con gran desenfado, Willian Morgan marchó a su juicio sumario, cantando: “As the Caisssons go Rolling Along.” A las 2:30 AM, un día de Febrero, 1961, Fidel y Raul Castro presenciaron su ejecución por fusilamiento. Mientras sus manos eran atadas a sus espaldas, una voz sin identificarse, desde las sombras de las luces que alumbraban a Morgan gritó: “¡Arrodíllate y pide por tu vida!” Morgan respondió con otro grito: “No me arrodillo ante ningún hombre”  Pero ellos usaron un experto tirador, no un pelotón de fusilamiento, para matarlo. Primero, una bala le atravesó una rodilla, después una segunda bala la otra rodilla. Mientras Morgan caía al suelo, maldiciendo a los comunistas, la misma voz desde la sombra  en tono triunfante gritaba: “¡Ya vez, te hicimos arrodillarte!” El tirador le puso otra bala que le atravesó un hombro a Morgan. Se tomó su tiempo y le dió otro tiro en el otro hombro, prolongando la agonía de su víctima. Entonces un capitán caminó hacia Morgan y le vació el peine de su ametralladora en el pecho. Así es como murió William Morgan.” 

Considerando que en presencia de Fidel Castro nadie más habla, no puede haber duda de quien era la voz desde la sombra. 

Este es un buen retrato del odio que siente Castro por este país. Para esos que tratan de presentarlo como un revolucionario víctima del “Imperialismo” les recordamos la naturaleza vil de este perverso traidor. 

Las fuentes de información utilizadas para este artículo son los libros "The Losers" por Paul D. Bethel; "Cuba en Guerra," por Enrique Encinosa; "Freedom, una publicación de Free Cuban y entrevistas personales a testigos de aquella época. MLT


Noviembre 2000 - XF-2 

LA MASACRE EN LA FINCA “LA CAMPANA” 

Desde los primeros días después del triunfo de la revolución contra la dictadura de Fulgencio Batista en Enero 1ro de 1959, muchos cubanos, que de una forma u otra habían participado en ese evento, comenzaron a poner en duda la dirección de Fidel Castro, así como su tendencia a convertirse en poder absoluto, con una falta total de respeto a la opinión de los demás. Su falta de escrúpulo, al disponer que se llevara al “paredón” a cualquiera que hubiera pertenecido al gobierno anterior, sin importar si los supuestos delitos  eran grandes o pequeños, estaba dándole a la revolución la imagen de un charco de sangre. A la vez que los días transcurrían, se iba proyectando el régimen como una nueva dictadura. 

Pero Castro se había captado el favor del pueblo y todos aquellos que no compartían con sus ideas empezaban a tener problemas. Una etapa nueva estaba surgiendo y poco a poco se estaba implantando el comunismo como sistema de gobierno. Todos los que disentían y consideraban esto como una traición a los postulados que dieron origen a la rebelión contra Batista, comenzaron a tomar el camino del exilio y muchos, por sus protestas en pueblos y ciudades, iban a parar a las prisiones. Otros retornaban al camino aspero y duro de tomar las armas de nuevo, convirtiéndose en guerrilleros en las montañas para combatir a esta nueva tiranía comunista en embrión. 

Las guerrillas comenzaron a organizarse a través de la isla. Las Montañas del Escambray, en la Provincia de Las Villas, se fueron convirtiendo en el foco más importante de la resistencia en contra de la nueva tiranía. En aquellas montañas, las guerrillas habían hecho una gran tarea en contra de Batista, y era donde Castro tenía menos influencia, ya que él había operado en la Sierra Maestra, lugar montañoso en la Provincia de Oriente. 

En el verano de 1960, Castro decide enviar miles de tropas al Escambray para dar fin a la rebelión. La persecución fue fiera y dura. A pesar de que los rebeldes no tenían suficiente armamento ofrecían una heroica resistencia.  Pero Castro había aprendido mucho sobre las tácticas Stalinistas. El sabía que tenía que exhibir alguna forma de victoria , y de esta manera nombres que representaban mucho en la lucha revolucionaria debían pagar con sus vidas el atreverse a disentir. A mediados de Septiembre se anunció que Plinio Prieto y Sinesio Walsch habían sido capturados en las lomas y serían llevados a juicio en Santa Clara y con ellos otros prisioneros, hasta un total de 170 . Con estas guerrillas capturadas, el régimen anunciaba que en el Escambray todo estaba en calma y que la insurrección había terminado. 

¿Quiénes eran estos hombres que tenían que pagar con sus vidas para que Castro le mostrara a los revolucionarios el precio que tendrían que pagar al rebelarse en contra de su sistema comunista? 

porfirio_ramirez.jpg (8905 bytes) Capt. Porfirio Remberto Ramírez Ruíz,  había sido un guerrillero en el Escambray en contra de Batista. Joven, alto, fuerte había crecido en una finca cerca de Santa Clara, Presidente de la Asociacion de Estudiantes de la Universidad “Marta Abreu” en la Provincia de Las Villas, donde era muy popular entre los estudiantes, había sido capturado al comienzo de Octubre, cerca de “Pico Tuerto” en las montañas, después de una pelea, hambriento, sin agua y con las municiones agotadas. 
 
(Haga un click en la foto para verla aumentada).

plineo_prieto.JPG (27295 bytes) Comandante Plinio Prieto Ruíz, que también había luchado contra el régimen de Batista, era bien respetado en las filas revolucionarias. Había dado varios viajes a los Estados Unidos, tratando de suplir de armas a las guerrillas. Maestro de profesión, iba con la misión de coordinar las operaciones en el Escambray, pero había sido capturado en el pueblo de Cumanayagua.
 
(Haga un click en la foto para verla aumentada).

El tercer hombre, Sinesio Walsh Ríos, formidable guerrillero a cargo de varios grupos en las montañas, había sido capturado con algunos de sus hombres, casi sin municiones, cerca de la zona de “Nuevo Mundo” donde tenía su campamento. Todos estos hombres habían sucumbido  ante las fuerzas de Castro, que eran muy superiores, estaban bien entrenadas y bien equipadas. 

A estos tres guerreros se les añadió Angel B. Rodríguez del Sol, quien había sido Asistente del Comandante Andrés Nazario Sargén, en la lucha anterior contra Batista, en las montañas del Escambray y José Palomino Colón, un respetado miembro del Ejército Constitucional antes de la revolución. 

El juicio fue celebrado en el teatro “Libertad,” en el Campamento Militar “Leoncio Vidal,” en la ciudad de Santa Clara, el dia 12 de Octubre de 1960. El Tribunal estaba formado por miembros del Ejército Rebelde, del gobierno de Castro, sin conocimiento legal alguno que los capacitara  para decidir sobre la vida o muerte de los acusados. Como fiscal actuó Juan Escalona, un miembro del Partido Comunista. Todo el día deliberaron y en la tarde informaron a los familiares de los acusados que la sentencia sería anunciada al día siguiente. 

Pero para las nueve de la noche del propio día 12 de Octubre, en el Campamento Militar de “La Campana,” cerca de Manicaragua, en las estribaciones del Escambray, situaron carros y camiones militares para alumbrar a los cinco acusados para cumplir con su sentencia. Sentencia que todavía oficialmente no había sido dictada, ni tratada por el Tribunal. Pero esta sentencia era de obligatorio cumplimiento, pues venía desde la Habana, ordenada por Fidel Castro.

El escuadrón de fusilamiento que se dio a la tarea de asesinar a estos cinco patriotas no usó rifles, sino ametralladoras checas, haciendo una verdadera masacre de sus cuerpos. Los que estuvieron presentes, como el Padre Olegario de Cifuentes, cura párroco de la iglesia “La Pastora”, en Santa Clara, relata que después de efectuados los asesinatos, por varios minutos, los ejecutores quedaron paralizados y nadie se movió para acercarse a las víctimas, como si ellos hubieran sentido el horror de lo que habían hecho. 

La rebelión no había terminado, como anunciara Castro, pues las montañas del Escambray fueron por cinco años más, hasta 1965, fuente de rebeldía por la libertad de Cuba. 

>>>>
Bases para este artículo: Los libros CUBA EN GUERRA, de Enrique Encinosa, y DIARIO DE UNA TRAICION, de Leovigildo Ruiz; trabajos en el internet de BizLand.com; La Memoria Histórica Cubana contra el Totalitarismo; escrito de Laida Arcia Carro; La Voz de Cuba libre, e impresiones y entrevistas personales.      


                                 

Octubre 2000 XF-1

EL HUNDIMIENTO DELIBERADO DEL TRANSBORDADOR “13 DE MARZO” POR LAS AUTORIDADES CUBANAS.

El 13 de Julio de 1994. Desde el pueblo de Regla, cerca de La Habana, el transbordador “13 de Marzo” comenzó su viaje hacia la libertad. Setenta y dos cubanos hombres, mujeres y niños habían decidido dejar su país con el deseo de buscar libertad en los Estados Unidos. Pero las autoridades cubanas tenían otros planes. De alguna manera se habían enterado de lo que estaba a punto de suceder y un barco del gobierno del tipo “Polargo” los estaba esperando y tan pronto como salieron de la bahía comenzaron a atacarlos con mangueras cuyos fuertes chorros de agua  barrían la cubierta del transbordador. Las mujeres levantaban sus hijos en sus brazos pidiéndoles que pararan los ataques sin que les prestaran atención. Otros dos barcos “Polargo más se unieron a la masacre, los rodearon y comenzaron a dar vueltas alrededor del “13 de Marzo” invistiéndolo una y otra vez hasta que lograron quebrar la coraza del viejo barco que comenzó a hundirse.

Por unos cuarenta minutos los tres barcos continuaron dando vueltas alrededor del remolcador que se hundía. Atrapados dentro de la embarcación habían quedado treinta personas que nunca pudieron salir. Algunos decidieron saltar al mar, pero en vez de ayudarles, la tripulación de los “Polargos” continuó rociándolos con fuertes chorros de agua y intensificaron su velocidad para crear una situación de remolino, que haría la supervivencia más dificil. Evidentemente estaban tratando de que no hubiesen supervivientes de la masacre. Como sucediera en casos similares anteriores, no debían quedar testigos.

Repentinamente las embarcaciones Castristas pararon el ataque contra los supervivientes y un barco del servicio de Guardacostas cubano, que hasta el momento había sido un testigo silente de lo que sucedía, sacó del agua a los que aun estaban vivos y los llevó de regreso a La Habana. Sucedió que un barco Griego, que venía rumbo al puerto, también había sido testigo de la  increible operación evitándose así que la tripulación de los tres “Polargos”  tuvieran oportunidad de terminar su masacre.

De los 72 que trataron de escaparse en el remolcador “13 de Marzo,” 41 fueron asesinados, 23 de ellos niños.

Algunos de los 31 supervivientes lograron más tarde escapar de Cuba y han estado contando este horrible genocidio al Congreso de los Estados Unidos (En Febrero de 1995 por Sergio Perudín,) a la asamblea de las Naciones Unidas y a las Organizaciones de los Derechos Humanos a través de todo el  mundo.

Janet Hernández, una de las supervivientes, recordando la terrible experiencia pasada, dice: “A veces pienso que todo fue una pesadilla. Pero los gritos de horror de las madres que perdieron a sus hijos, las manitas de los niños hundiéndose para siempre en el fondo del mar y el llanto que  compartimos…es real.”

Este es un crudo ejemplo de lo que es el Castrocomunismo.

+++
Partes de esta información fueron tomados del Diario Las América y El Nuevo Herald de Miami, Contacto Magazine y La Voz de Cuba Libre de Los Angeles, así como otros comunicados recibidos por el Internet.

"Angeles y Mártires" trabajo de arte por Bertha Randín, sobre el genocidio en el transbordador "13 de Marzo."  Publicado en la columna del Rev. Martín N. Anorga en el Diario de las Américas,  periódico de Miami (7-12-98).